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Problemas Sexuales Ignorancia generalizada Aunque el concepto de sexualidad normal o anormal está poderosamente influido por la cultura, y cambia a través del tiempo, moderadamente se distinguen en la respuesta sexual humana tres fases: a) fase del deseo, b) fase de la excitación, y c) fase de resolución u orgasmo. Cualquiera interferencia, en cualquiera de las tres fases, determinará una disfunción sexual. Por lo tanto, para que una persona pueda funcionar sexualmente bien, debe ser capaz de entregarse total y relajadamente a la experiencia erótica, haciendo abstracción del medio que lo rodea. No es fácil lograrlo ya que, en general, existe una gran ignorancia sobre el tema. Esto crea mitos como los siguientes: "Todos los hombres y mujeres normales desean tener relaciones sexuales incesantemente; todos se pueden excitar y satisfacer con facilidad; la excitación espontánea se debe dar siempre, en forma automática; el juego amoroso siempre debe terminar en la cópula". Por ignorancia, también, las parejas se sienten culpables y atemorizadas para explorar y experimentar. Es muy común que las mujeres, aunque necesiten más estimulación, no sean capaces de pedirla, y que los hombres, desconociendo reacciones importantes de su compañera, actúen con excesiva rapidez. Así, se va generando hostilidad, compulsividad o ansiedad. Y la ansiedad, ya sea generada por temor al fracaso, por sentimiento de culpa, o por comprobación de que no se tiene la propia respuesta esperada, lleva a las personas a mantener un tenso control sobre sus reacciones sexuales. Es lo que algunos investigadores llamaron "El rol del espectador". Esto resulta altamente destructivo, porque interfiere en la respuesta sexual. Por otra parte, la socialización masculina sobrevalora el rendimiento sexual en el hombre, adjudicándole la responsabilidad del funcionamiento eficiente. Esto trae consigo una inseguridad que fácilmente lleva al temor del fracaso. Por otra parte, la socialización femenina reprime los impulsos naturales, enfatizando la idealización super romántica. Como consecuencia, la mujer no se ve a sí misma como un ser sexuado, desconoce su propia sensibilidad y no es capaz de expresarse sexualmente. Aunque este aspecto ha ido cambiando en forma significativa después de la llamada revolución sexual. Desde un punto de vista post-racionalista la sexualidad humana es funcional a la mantención y conservación del vínculo afectivo. En efecto, sirve para mantener en el tiempo las relaciones afectivas. Desde esta perspectiva, las disfunciones sexuales deben ser vistas como desbalances de la relación, y por lo tanto deben ser tratadas dentro de ese contexto y no como un conjunto de técnicas específicas. En un próximo artículo veremos de qué manera la psicoterapia puede prestar ayuda para resolver estos problemas de la relación de pareja. Alfredo Ruiz
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