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Depresión: El mundo distorsionado
Episodios depresivos
Cuando esta manera oscura y dolorosa de ver el mundo se mantiene por
lo menos durante dos semanas, se habla de un episodio depresivo.
Puede tener funestas consecuencias, y por esta razón, es conveniente
recibir ayuda especializada lo antes posible.
La persona presenta algunas conductas muy precisas:
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Pierde el interés en casi todas las actividades usuales, y en lo
que antes le ocasionaba placer.
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Dice estar triste, desesperanzado, desanimado. A menudo recurre a expresiones
como "me siento dentro de un hoyo", o "creo que toqué fondo".
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Hay trastornos del apetito, generalmente por disminución del mismo,
con significativa pérdida de peso. Otras personas muestran un aumento
del apetito y del peso. En el caso de los niños, tienden a dejar
de comer, estancándose en su desarrollo.
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Son comunes los trastornos del sueño: dificultad para quedarse dormido,
sueño interrumpido, o demasiado sueño (hipersomnio).
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El aspecto sicomotor sufre alteraciones: hay agitación, incapacidad
para permanecer tranquilo, estallidos de quejas o gritos. En el otro extremo
de esta actitud, hay lentificación sicomotora, que se traduce
en un hablar pausado, y movimientos corporales lentos. En los niños
se observa una importante disminución de la actividad.
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Casi invariablemente decae la energía. La persona experimenta una
fatiga constante: hasta la más pequeña tarea puede parecer
difícil o imposible de lograr.
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A esto se agregan sentimientos de minusvalía: e individuo cree que
todo lo ha hecho mal, y recuerda sus errores magnificándolos. Se
reprocha incluso mínimos detalles, y busca en el ambiente cualquier
signo que refuerce esa idea de que él no vale nada. Hay sentimientos
de culpa, igualmente exagerados, sobre situaciones presentes o pasadas.
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Es frecuente que la persona tenga dificultad para concentrarse y que le
cueste tomar decisiones, o recordar nítidamente algunos eventos.
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Se presentan pensamientos constantes sobre la muerte, que incluso llevan
a elaborar ideas suicidas. Puede sentir miedo de morir, pero está
convencido de que él y los demás estarían mejor si
falleciera.
Asociado a la depresión está el llanto frecuente, con sentimientos
de angustia, irritabilidad, mal genio, preocupación excesiva por
la salud física, ataques de pánico y fobias.
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