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El problema de que la depresión no es una enfermedad está
zanjado hace tiempo; y para empezar, me remito a un artículo que escribió Aaron Beck en
relación con el tema de la “depresión endógena”, publicado en el año 1988. En este artículo
él planteaba lo siguiente: “¿es adecuado –decía- hablar de depresión endógena y, a la vez,
adecuado hablar de depresión reactiva?” Porque hablar de “depresión endógena” significa
que es consecuencia de una enfermedad, y ésta sería obviamente una enfermedad del
cerebro, pues ahí se localiza el sistema nervioso central y, por ende, la enfermedad; y que,
habría otro tipo de depresión, llamada “reactiva”, que no sería producto de una
enfermedad, sino de una situación que una persona experiencia en su vivir, pero que no
tendría ninguna consecuencia o causa de tipo bioquímico.
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